dar sentido
eso es lo que busco
un poco de todo
para empezar
y llegar al fondo
de(l) asunto
ahora esto
con aquello
volver:
se vuelve
y buscar en las cajas
lo que otra vez sirve
nada se pierde, nada.
cortoypego
pego
corto
pego
corto corto
pego
atravieso el collage
como si fuesen charcos
que quiero pisar
(...)
a zapallo regalado
24 mayo 2012
07 mayo 2012
zoom
De a poco nos vamos acercando.
La otra vez, soñé que aprendía a alimentarl@.
Esta vez, mucho más abstracto, soñé con el amor que me inspiraba. Un amor distinto a todo.
Siempre me pregunté si es posible soñar con lo que no se conoce, o no se vivió. Soñé muchas veces con paisajes en los que nunca estuve, por ejemplo. Pero desconfiaba, "en algún lado los debo haber visto", decía.
Y ahora esto, que no se parece a nada. Que no es paisaje, no es imagen. Emoción pura.
Muy loco.
La otra vez, soñé que aprendía a alimentarl@.
Esta vez, mucho más abstracto, soñé con el amor que me inspiraba. Un amor distinto a todo.
Siempre me pregunté si es posible soñar con lo que no se conoce, o no se vivió. Soñé muchas veces con paisajes en los que nunca estuve, por ejemplo. Pero desconfiaba, "en algún lado los debo haber visto", decía.
Y ahora esto, que no se parece a nada. Que no es paisaje, no es imagen. Emoción pura.
Muy loco.
16 marzo 2012
representaciones
Otro más y van.
Ya no sé si es una preparación, un aviso, una purga.
Siempre en el teatro. Siempre los tres.
Anoche, ella actuaba. Tocaba el piano y yo le miraba los dedos para ver si fingía. Me miraba a la cara, insolente. Me descubría intentando desmentirla. Sabía tocar. Eso, en algún modo, me hería.
Cruzábamos miradas con mi amiga en el público. Ni siquiera importaba de qué iba la obra. Era, probablemente, una muestra de la universidad.
A la salida, un lunch.
Alguien de hace tiempo me daba un abrazo, un muchacho extranjero que ciertamente no tenía nada que hacer allí. Representaba. Número Dos, al otro lado, esperaba su turno para saludarlo. Yo me apartaba para no incomodar. "Los dejo tranquilos", decía en voz alta, y me iba con mi cocacola hacia otro rincón.
Número Tres estaba por ahí. No sé si la ví haciendo algo. El escenario era todo de Número Uno. Y Número Dos, siempre, detrás de escena; el abrazo con el extranjero, mis sospechas.
Ya no sé si es una preparación, un aviso, una purga.
Siempre en el teatro. Siempre los tres.
Anoche, ella actuaba. Tocaba el piano y yo le miraba los dedos para ver si fingía. Me miraba a la cara, insolente. Me descubría intentando desmentirla. Sabía tocar. Eso, en algún modo, me hería.
Cruzábamos miradas con mi amiga en el público. Ni siquiera importaba de qué iba la obra. Era, probablemente, una muestra de la universidad.
A la salida, un lunch.
Alguien de hace tiempo me daba un abrazo, un muchacho extranjero que ciertamente no tenía nada que hacer allí. Representaba. Número Dos, al otro lado, esperaba su turno para saludarlo. Yo me apartaba para no incomodar. "Los dejo tranquilos", decía en voz alta, y me iba con mi cocacola hacia otro rincón.
Número Tres estaba por ahí. No sé si la ví haciendo algo. El escenario era todo de Número Uno. Y Número Dos, siempre, detrás de escena; el abrazo con el extranjero, mis sospechas.
01 marzo 2012
banderines
No pasaron ni cuatro semanas desde el inicio del carnaval, y los banderines ya están descoloridos, abrumados por el aire entumecido de la ciudad. Ya parecen tan viejos como si tuvieran años, ya se ven deshilachados y tristes.
El primer día de marzo ocurre algo fantástico: el verano se termina. No en la realidad física o meteorológica, sino en la realidad perceptible. Y no importa si cae miércoles, viernes, o sábado. El primer día de marzo siempre es lunes. Se percibe la aceleración inmediata del tiempo. El fin del verano, y con él, el fin del olor a nuevo del año. Marzo trae la conciencia de que este año, este también, se va a terminar. Por más colorido y nuevo que haya parecido durante estos dos meses, marzo ya nos muestra, incipientes pero definitivas, las puntas deshilachadas, y deja ver cada vez más el tono opaco del verde, del amarillo, del violeta, su tendencia irremediable a confluir en un mono-tono más bien gris; la necesaria desintegración que vendrá, tarde o temprano.
El primer día de marzo ocurre algo fantástico: el verano se termina. No en la realidad física o meteorológica, sino en la realidad perceptible. Y no importa si cae miércoles, viernes, o sábado. El primer día de marzo siempre es lunes. Se percibe la aceleración inmediata del tiempo. El fin del verano, y con él, el fin del olor a nuevo del año. Marzo trae la conciencia de que este año, este también, se va a terminar. Por más colorido y nuevo que haya parecido durante estos dos meses, marzo ya nos muestra, incipientes pero definitivas, las puntas deshilachadas, y deja ver cada vez más el tono opaco del verde, del amarillo, del violeta, su tendencia irremediable a confluir en un mono-tono más bien gris; la necesaria desintegración que vendrá, tarde o temprano.
07 febrero 2012
consideraciones sobre los perros
Un perro mojado tiene varios inconvenientes.
Lo lógico es un perro seco.
Un perro mojado tiene como mínimo ese problema.
Y lo segundo que pasa es que tarda mucho en secarse, todo ese pelo. El perro de por sí viene todo cubierto de pelo, y si está sucio el pelo se vuelve impermeable. Pero el agua no resbala del pelo, se queda ahí apoyada.
Los perros mojados se sacuden por eso mismo, y así se sacan de encima unas cuantas gotas. Pero parte de la humedad logra traspasar la barrera y se queda del lado de adentro. Y ahí la impermeabilidad del pelo forma una cápsula hermética e impide que el agua salga del todo, es decir, que el perro se seque.
El perro entonces, está mojado y solo. Nadie quiere acercarse a un perro mojado.
Lo lógico es un perro seco.
Un perro mojado tiene como mínimo ese problema.
Y lo segundo que pasa es que tarda mucho en secarse, todo ese pelo. El perro de por sí viene todo cubierto de pelo, y si está sucio el pelo se vuelve impermeable. Pero el agua no resbala del pelo, se queda ahí apoyada.
Los perros mojados se sacuden por eso mismo, y así se sacan de encima unas cuantas gotas. Pero parte de la humedad logra traspasar la barrera y se queda del lado de adentro. Y ahí la impermeabilidad del pelo forma una cápsula hermética e impide que el agua salga del todo, es decir, que el perro se seque.
El perro entonces, está mojado y solo. Nadie quiere acercarse a un perro mojado.
05 febrero 2012
Caminaba ya nerviosa por Scalabrini Ortiz, la hora mágica en que el sol cae, la ciudad se oscurece, y las sombras. Alguien caminaba detrás de mí, redoblaba el paso, me seguía cerca. Lo mejor era cruzar la avenida por el medio, un cambio repentino de rumbo definiría las cosas, si me perseguía él o yo misma. El tránsito venía de lejos; entonces, rápidamente en la bocacalle de Niceto Vega, cruzaba yo dos calles en simultáneo. Él (era un él) cruzó conmigo, y ya no hubo dudas. Encaré rápidamente la calle transversal, sin haberlo pensado mucho: lo mejor hubiese sido mantenerse en la avenida, la abierta avenida, la iluminada avenida, la transitada avenida. Ya era tarde, porque dar marcha atrás era lo mismo que entregarse. Apuré el paso hasta la primera perpendicular, para doblar allí hasta la Avenida Córdoba, la abierta avenida, la iluminada avenida, la transitada avenida Córdoba. Apenas unos pasos y estaría dando la vuelta, tan solo unos andamios entorpecían la marcha, una calle en obra, la calle en la que yo quería girar. Él seguía tras mis pasos, no había tiempo para cambiar ahora. Giré, ya con algo de pavor, puesto que la calle y la noche se habían vuelto súbitamente más estrechas. Giré y la calle, ya convertida en andamio, a unos tres metros del suelo, estaba cortada. Un altísimo balcón sin salida, un mirador urbano, del que solo una escalera de bomberos podía sacarme. Atrapada irremediablemente, culpé al municipio. Apenas unos segundos y él estaría sobre mí, y no había nadie más en ese estúpido balcón. Nadie más. No recuerdo si llegué a saltar, si bajé por un tubo, si él me empujó, destruyendo la baranda. Ya en la calle, en la noche, la Avenida Córdoba había desaparecido. Sólo quedaban mis pasos, sus pasos, y la horrible sensación de la ciudad, cambiando a la vuelta de las esquinas.
05 enero 2012
historia cutánea contemporánea
Siempre estuvo ahí, siempre que recuerde. Quiero decir, no estuvo siempre, es claro que no desde el principio, pero ya no recuerdo cuando no estaba. Pequeñita, arrugada en cierta forma, como un fruto demasiado maduro. La tocaba de tanto en tanto, con la curiosidad morbosa de quien se arranca una cascarita.
Un día apareció estrangulada por un pelo. Se había anudado a su alrededor con una determinación insólita. Infructuosamente tratamos de separarlos, pero el tironeo sólo empeoraba el panorama. Estuvo estrangulada unos cuantos días, hasta que, con astucia antiséptica, un algodón embebido en alcohol etílico acabó con el suplicio.
Lo que ocurrió después fue el verdadero horror. Inflamada, roja, dura. Inoculada de una rabia estrepitosa, más viva que nunca y, sin embargo, tan decidida a arrojarse en la tiniebla de la muerte. ¿Cómo, cómo es posible que vaya a secarse, tan redonda por primera vez, tan llena de... algo?
Y sin embargo, el pronóstico fue acertado. Amaneció encogida, como una fruta pasa. Seca, seca, trágica. Oscura.
No es claro aún cuál es la etapa que resta. ¿Caer? ¿Desaparecer, sin más? ¿Fundirse secretamente con su entorno? ¿Dejar una pequeña huella? ¿Debería arrancarla? ¿Debería despedirme? Adiós, verruga. Adiós.
-----
Y resulta que a él le pasó algo similar, hace unos años ya, y yo sin querer le plagié el relato.
Un día apareció estrangulada por un pelo. Se había anudado a su alrededor con una determinación insólita. Infructuosamente tratamos de separarlos, pero el tironeo sólo empeoraba el panorama. Estuvo estrangulada unos cuantos días, hasta que, con astucia antiséptica, un algodón embebido en alcohol etílico acabó con el suplicio.
Lo que ocurrió después fue el verdadero horror. Inflamada, roja, dura. Inoculada de una rabia estrepitosa, más viva que nunca y, sin embargo, tan decidida a arrojarse en la tiniebla de la muerte. ¿Cómo, cómo es posible que vaya a secarse, tan redonda por primera vez, tan llena de... algo?
Y sin embargo, el pronóstico fue acertado. Amaneció encogida, como una fruta pasa. Seca, seca, trágica. Oscura.
No es claro aún cuál es la etapa que resta. ¿Caer? ¿Desaparecer, sin más? ¿Fundirse secretamente con su entorno? ¿Dejar una pequeña huella? ¿Debería arrancarla? ¿Debería despedirme? Adiós, verruga. Adiós.
-----
Y resulta que a él le pasó algo similar, hace unos años ya, y yo sin querer le plagié el relato.
21 diciembre 2011
ábrete sésamo
Así, con dos palabras hermosas y esdrújulas se me va terminando este 2011. Casi como si hubiera atravesado la cocina en puntas de pie, pero acomodando la alacena. Una nada para la percepción, pero un todo para las estructuras. Fondo y forma, recipiente y contenido. Ahora pienso que los años serán siempre un poco así; pasarán apurados y silenciosos, pero dejando todo en distinto sitio. Como todo lo que se hace con el tiempo, como esos tres bollos de pizza que levan ahora sobre la mesada de la cocina.
Cerrar abriendo. Terminar, empezar. Los años, dá igual: un mero cambio de calendario, cierta aproximación al ordenamiento cósmico, otra vuelta más a la calesita solar. Pero de fondo, en la alacena, todo se ha reordenado. Y hay cosas nuevas en los frascos, y hay también algunos vacíos para lo que vendrá.
Cerrar abriendo. Terminar, empezar. Los años, dá igual: un mero cambio de calendario, cierta aproximación al ordenamiento cósmico, otra vuelta más a la calesita solar. Pero de fondo, en la alacena, todo se ha reordenado. Y hay cosas nuevas en los frascos, y hay también algunos vacíos para lo que vendrá.
27 noviembre 2011
siempre la casa
Es la casa que más sueño. Siempre la cambio un poco. A veces sueño que trato de llegar, y me pierdo, y nunca la encuentro. Cuando ellos están ahí, trato de entender por qué hace tanto que no nos vemos. Y los pongo al día.
La otra noche, justo antes de quedarme dormida, recorrí la casa. Traté de detenerme en los detalles, en cada rincón: la parrilla y la escalera, el baño de las arañas, el lavadero atiborrado de cosas con su olor siempre a jabón blanco, el ténder, el baño y sus tres puertas, la alacena, el estante con la radio, las sillas plásticas, la mesa redonda, la mesada, los especieros, los cajones, la mesa del televisor, la heladera, la mesita del teléfono con la silla azul, el cuarto del medio, los armarios, la estufa, las puertas con celosías, el dormitorio, la naftalina, el acolchado, las siestas, el patio, la enredadera, el olor del piso mojado, el techito de vidrio, la manguera, las macetas, la mampara, las habitaciones de arriba, las cucarachas -siempre muertas-, las hojas del techo, la brea, la escalerita, el olor a pegamento, los muñecos, las cajas rotuladas ("ojitos", "ranas", "ranas chicas"), la máquina para hacer agujeritos, el pañolenci, los manteles de plástico.
Esa noche soñé con la plaza de enfrente. La calesita era un disco gris y chato que giraba a mucha velocidad. No había nadie. Sola yo, y los fantasmas.
La otra noche, justo antes de quedarme dormida, recorrí la casa. Traté de detenerme en los detalles, en cada rincón: la parrilla y la escalera, el baño de las arañas, el lavadero atiborrado de cosas con su olor siempre a jabón blanco, el ténder, el baño y sus tres puertas, la alacena, el estante con la radio, las sillas plásticas, la mesa redonda, la mesada, los especieros, los cajones, la mesa del televisor, la heladera, la mesita del teléfono con la silla azul, el cuarto del medio, los armarios, la estufa, las puertas con celosías, el dormitorio, la naftalina, el acolchado, las siestas, el patio, la enredadera, el olor del piso mojado, el techito de vidrio, la manguera, las macetas, la mampara, las habitaciones de arriba, las cucarachas -siempre muertas-, las hojas del techo, la brea, la escalerita, el olor a pegamento, los muñecos, las cajas rotuladas ("ojitos", "ranas", "ranas chicas"), la máquina para hacer agujeritos, el pañolenci, los manteles de plástico.
Esa noche soñé con la plaza de enfrente. La calesita era un disco gris y chato que giraba a mucha velocidad. No había nadie. Sola yo, y los fantasmas.
11 noviembre 2011
29 octubre 2011
tormenta perfecta
-calefón gotea
-mochila del baño idem
-parcial domiciliario
-artículo que entregar
-período
-mugre everywhere i look
-leve depresión espiritual
#under pressure.
-mochila del baño idem
-parcial domiciliario
-artículo que entregar
-período
-mugre everywhere i look
-leve depresión espiritual
#under pressure.
21 octubre 2011
20 octubre 2011
el tiempo
hay un tiempo para todo
pero
hay un sólo tiempo
nunca me alcanza
aunque lo tengo en los talones
¿cuándo es el tiempo del gato?
¿el tiempo del pan,
del sueño,
del amor,
de las macetas?
se fuga el tiempo
no echa raíces en mi balcón
se enrosca, más bien,
entre el ombligo y el pelo
¿qué busca?
¿qué corre?
puebla las superficies de los muebles
de polvo
vuelve
cuando parece haber muerto
borra algunas minúsculas cosas
dibuja otras
-perfecto pulso-
¿a dónde? ¿quién lo manda?
le hace asco al tictac
lo desprecia
no atiende esa lógica
en cambio tiene una relación carnal
con el color de los papeles
con el ir y venir de las moscas
¿cuándo es el tiempo del libro,
de la rodilla,
del tomate?
¿cuándo el de los mosquitos?
te da una vuelta de rock and roll
de trompo con turbina
atraca
la heladera
y nunca va al supermercado
porque se pierde
ensucia el piso
y no barre
porque se dispersa
junta cosas en los armarios
en los cajones en las cajas
y las olvida
porque no sabe qué hacer con ellas
el tiempo del tiempo, ¿cuándo es?
¿quién lo cubre?
tiempo al tiempo, dicen,
tiempo al tiempo
como si eso
fuera parte de un plan
el tiempo lo cura todo, dicen,
como si eso
fuera un consuelo
al mal tiempo, dicen,
buena cara
como si eso
fuera posible
tiempo tirano, dicen,
como si eso
fuera un mantra
beberse el tiempo de un sorbo
o dejarlo correr
dicen
aunque
en el fondo
sea lo mismo
pero
hay un sólo tiempo
nunca me alcanza
aunque lo tengo en los talones
¿cuándo es el tiempo del gato?
¿el tiempo del pan,
del sueño,
del amor,
de las macetas?
se fuga el tiempo
no echa raíces en mi balcón
se enrosca, más bien,
entre el ombligo y el pelo
¿qué busca?
¿qué corre?
puebla las superficies de los muebles
de polvo
vuelve
cuando parece haber muerto
borra algunas minúsculas cosas
dibuja otras
-perfecto pulso-
¿a dónde? ¿quién lo manda?
le hace asco al tictac
lo desprecia
no atiende esa lógica
en cambio tiene una relación carnal
con el color de los papeles
con el ir y venir de las moscas
¿cuándo es el tiempo del libro,
de la rodilla,
del tomate?
¿cuándo el de los mosquitos?
te da una vuelta de rock and roll
de trompo con turbina
atraca
la heladera
y nunca va al supermercado
porque se pierde
ensucia el piso
y no barre
porque se dispersa
junta cosas en los armarios
en los cajones en las cajas
y las olvida
porque no sabe qué hacer con ellas
el tiempo del tiempo, ¿cuándo es?
¿quién lo cubre?
tiempo al tiempo, dicen,
tiempo al tiempo
como si eso
fuera parte de un plan
el tiempo lo cura todo, dicen,
como si eso
fuera un consuelo
al mal tiempo, dicen,
buena cara
como si eso
fuera posible
tiempo tirano, dicen,
como si eso
fuera un mantra
beberse el tiempo de un sorbo
o dejarlo correr
dicen
aunque
en el fondo
sea lo mismo
15 septiembre 2011
duda existencial con un ápice de esperanza en los puntos suspensivos finales
¿el problema del ser se resuelve en el hacer...?
14 septiembre 2011
1976
EVA
Calle Florida, túnel de flores podridas.
Y el pobrerío se quedo sin madre
llorando entre faroles sin crespones.
Llorando en cueros, para siempre, solos.
Y el pobrerío se quedo sin madre
llorando entre faroles sin crespones.
Llorando en cueros, para siempre, solos.
Sombríos machos de corbata negra
sufrían rencorosos por decreto
y el órgano por Radio del Estado
hizo durar a Dios un mes o dos.
sufrían rencorosos por decreto
y el órgano por Radio del Estado
hizo durar a Dios un mes o dos.
Buenos Aires de niebla y de silencio.
El Barrio Norte tras las celosías
encargaba a Paris rayos de sol.
La cola interminable para verla
y los que maldecían por si acaso
no vayan esos cabecitas negras
a bienaventurar a una cualquiera.
Flores podridas para Cleopatra.
Y los grasitas con el corazón rajado,
rajado en serio. Huérfanos. Silencio.
Calles de invierno donde nadie pregona
El Líder, Democracia, La Razón.
Y Antonio Tormo calla "amémonos".
Un vendaval de luto obligatorio.
Escarapelas con coágulos negros.
El siglo nunca vio muerte mas muerte.
Pobrecitos rubíes, esmeraldas,
visones ofrendados por el pueblo,
sandalias de oro, sedas virreinales,
vacías, arrumbadas en la noche.
Y el odio entre paréntesis, rumiando
venganza en sótanos y con picana.
Y el amor y el dolor que eran de veras
gimiendo en el cordón de la vereda.
Lagrimas enjuagadas con harapos,
Madrecita de los Desamparados.
Silencio, que hasta el tango se murió.
Orden de arriba y lagrimas de abajo.
En plena juventud. No somos nada.
No somos nada mas que un gran castigo.
Se pintó la República de negro
mientras te maquillaban y enlodaban.
En los altares populares, santa.
Hiena de hielo para los gorilas
pero eso sí, solísima en la muerte.
Y el pueblo que lloraba para siempre
sin prever tu atroz peregrinaje.
Con mis ojos la vi, no me vendieron
esta leyenda, ni me la robaron.
Días de julio del 52
¿Qué importa donde estaba yo?
II
No descanses en paz, alza los brazos
no para el día del renunciamiento
sino para juntarte a las mujeres
con tu bandera redentora
lavada en pólvora, resucitando.
No sé quién fuiste, pero te jugaste.
Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo,
metiste a las mujeres en la historia
de prepo, arrebatando los micrófonos,
repartiendo venganzas y limosnas.
Bruta como un diamante en un chiquero
¿Quién va a tirarte la última piedra?
Quizás un día nos juntemos
para invocar tu insólito coraje.
Todas, las contreras, las idólatras,
las madres incesantes, las rameras,
las que te amaron, las que te maldijeron,
las que obedientes tiran hijos
a la basura de la guerra, todas
las que ahora en el mundo fraternizan
sublevándose contra la aniquilación.
El Barrio Norte tras las celosías
encargaba a Paris rayos de sol.
La cola interminable para verla
y los que maldecían por si acaso
no vayan esos cabecitas negras
a bienaventurar a una cualquiera.
Flores podridas para Cleopatra.
Y los grasitas con el corazón rajado,
rajado en serio. Huérfanos. Silencio.
Calles de invierno donde nadie pregona
El Líder, Democracia, La Razón.
Y Antonio Tormo calla "amémonos".
Un vendaval de luto obligatorio.
Escarapelas con coágulos negros.
El siglo nunca vio muerte mas muerte.
Pobrecitos rubíes, esmeraldas,
visones ofrendados por el pueblo,
sandalias de oro, sedas virreinales,
vacías, arrumbadas en la noche.
Y el odio entre paréntesis, rumiando
venganza en sótanos y con picana.
Y el amor y el dolor que eran de veras
gimiendo en el cordón de la vereda.
Lagrimas enjuagadas con harapos,
Madrecita de los Desamparados.
Silencio, que hasta el tango se murió.
Orden de arriba y lagrimas de abajo.
En plena juventud. No somos nada.
No somos nada mas que un gran castigo.
Se pintó la República de negro
mientras te maquillaban y enlodaban.
En los altares populares, santa.
Hiena de hielo para los gorilas
pero eso sí, solísima en la muerte.
Y el pueblo que lloraba para siempre
sin prever tu atroz peregrinaje.
Con mis ojos la vi, no me vendieron
esta leyenda, ni me la robaron.
Días de julio del 52
¿Qué importa donde estaba yo?
II
No descanses en paz, alza los brazos
no para el día del renunciamiento
sino para juntarte a las mujeres
con tu bandera redentora
lavada en pólvora, resucitando.
No sé quién fuiste, pero te jugaste.
Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo,
metiste a las mujeres en la historia
de prepo, arrebatando los micrófonos,
repartiendo venganzas y limosnas.
Bruta como un diamante en un chiquero
¿Quién va a tirarte la última piedra?
Quizás un día nos juntemos
para invocar tu insólito coraje.
Todas, las contreras, las idólatras,
las madres incesantes, las rameras,
las que te amaron, las que te maldijeron,
las que obedientes tiran hijos
a la basura de la guerra, todas
las que ahora en el mundo fraternizan
sublevándose contra la aniquilación.
Cuando los buitres te dejen tranquila
y huyas de las estampas y el ultraje
empezaremos a saber quién fuiste.
Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva,
única reina que tuvimos, loca
que arrebató el poder a los soldados.
y huyas de las estampas y el ultraje
empezaremos a saber quién fuiste.
Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva,
única reina que tuvimos, loca
que arrebató el poder a los soldados.
Cuando juntas las reas y las monjas
y las violadas en los teleteatros
y las que callan pero no consienten
arrebatemos la liberación
para no naufragar en espejitos
ni bañarnos para los ejecutivos.
Cuando hagamos escándalo y justicia
el tiempo habrá pasado en limpio
tu prepotencia y tu martirio, hermana.
y las violadas en los teleteatros
y las que callan pero no consienten
arrebatemos la liberación
para no naufragar en espejitos
ni bañarnos para los ejecutivos.
Cuando hagamos escándalo y justicia
el tiempo habrá pasado en limpio
tu prepotencia y tu martirio, hermana.
Tener agallas, como vos tuviste,
fanática, leal, desenfrenada
en el candor de la beneficencia
pero la única que se dio el lujo
de coronarse por los sumergidos.
Agallas para hacer de nuevo el mundo.
Tener agallas para gritar basta
aunque nos amordacen con cañones.
fanática, leal, desenfrenada
en el candor de la beneficencia
pero la única que se dio el lujo
de coronarse por los sumergidos.
Agallas para hacer de nuevo el mundo.
Tener agallas para gritar basta
aunque nos amordacen con cañones.
Maria Elena Walsh
Suscribirse a:
Entradas (Atom)